Memorias de un ferroviario

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Edgardo Daniel Mudry forma parte de la tercera generación que la familia le aportó al Ferrocarril.

En este caso, Edgardo Daniel Mudry, junto a su compañero Héctor Constantín, son también los últimos maquinistas que sobreviven en Vera, cuyo depósito de locomotoras fue base de recambio y derivación para el ramal a Las Toscas, sumado a la Escuela de Conductores “Antonio Estévez”, que funcionaba en el local gremial de La Fraternidad.

Edgardo decidió contar su historia en un libro de Memorias que fue presentado en la celebración de los 128 años de la ciudad, por la Asociación Verense de Escritores y auspiciado por la Municipalidad.

En él cuenta que ingresó al ferrocarril con 18 años recién cumplidos y su primer destino fue Pacará, un pequeño pueblito entre el monte tucumano, pero rodeado de plantaciones de caña de azúcar, donde el ferrocarril era fundamental en la época de zafra, precisamente fue en ese período en que estuvo contratado por 9 meses y su trabajo fue desde el primer escalón, como “pasa leña”.

El servicio incluía trenes a Simoca, Río Hondo y alguna vez llegó hasta Rosario de la Frontera, en Salta.

Cuenta que -a pesar del cariño de la gente- fue muy dura la adaptación porque “pasé de tener todo en mi casa a llorar mirando las vías en medio de la nada y viviendo en un vagón”.

El regreso al hogar duró 4 meses en que trabajó de ayudante en una carpintería donde aprendió el oficio que le ayudaría a complementar su labor en la vida.

Su reincorporación al ferrocarril se produjo en Frías (Santiago del Estero), un destino muy distinto al anterior dado que ahora compartían una habitación en pleno centro y frente a la plaza central de la ciudad.

Allí conoció las locomotoras más grandes, que además eran petroleras y “nos permitían una capacitación especial dado que el pasa leña se convertía en foguista, porque había que manejar el fuego para graduar la presión de la caldera”.

“Se necesitaban esas locomotoras porque se transportaba carga pesada –piedras o cemento- cuyos principales destinos era Ancaján en Salta o Recreo en Catamarca”, recuerda.

El nombramiento llegó poco antes del servicio militar y fue destinado en San Cristóbal, al menos estaba en la provincia de Santa Fe, pero gracias a una permuta pudo retornar a su Vera natal donde transcurrió toda su carrera; en la que llegó a la máxima categoría de conductor de locomotoras diesel.

Reconoce que le costó mucho llegar “porque a los 43 años es muy difícil competir con otros aspirantes que, además de ser más jóvenes, venían más preparados y algunos hasta con el secundario completo”.

No obstante “cumplí mi sueño de lograr ser conductor de locomotoras y cubrir el diagrama de El Litoral”, tren que cubría el trayecto Retiro-Resistencia y el personal de Vera hacía el relevo en esta base.

Era la máxima aspiración de todos, porque “se trataba del tren más importante que llegó a transportar 1200 pasajeros, con servicio de comedor y camarote”.

Luego de acceder a su jubilación le surgió la idea de trasladar al escrito sus vivencias “en homenaje a los compañeros, a aquellos que cuando nos encontrábamos en la línea hacían un paréntesis para montar una clase y transmitir sus experiencias”.

Vale la pena recordar a don Juan “Chola” Ferraris; Alfredo “Pipi” Carbognani, Ascanio “Chito” Fontana, Orlando Granziero, Enrique Cobreun, al querido Osvaldo Tschanenn y al recordado “tío Manuel”, el instructor de todos, entre otros.

El compañerismo era muy fuerte entre los ferroviarios, “pero entre los conductores el lazo se fortalecía más porque el trabajo nos obligaba a estar lejos de casa compartíamos, muchas veces, más tiempo con los compañeros que con la propia familia”.

“En homenaje a ellos decidí escribir este libro y para que sus descendientes sepan la buena gente que fueron sus abuelos, sus padres”, destacó.

Tiene palabras de agradecimiento, principalmente para su familia que apoyó ésta idea, a la Municipalidad de Vera, cuya intendente Paula Mitre asistió a la presentación que estuvo a cargo de la presidente de la Asociación Verense de Escritores, Liliana Mendoza, su sobrina, hija también de un ferroviario.

Una especial carga emotiva tuvo también la elección del lugar para la presentación que, como no podía ser de otra manera, fue en el complejo La Estación, cuyos andenes fueron testigos de gran parte de la historia que anida en el corazón de cada verense.

“Memorias de un Ferroviario” tuvo, en principio, una edición limitada entre familiares y amigos que ahora también alcanzó a instituciones y escuelas de la ciudad.

Cabe agregar que Edgardo es sobrino de aquel maquinista Rafael Mudry que perdiera la vida, junto al foguista Domingo Berrino, en un trágico accidente ocurrido el 9 de noviembre de 1938 en Santo Tomé donde, a la vera de la Ruta 19, hay un monolito que lo recuerda y en cuyo homenaje una calle de Vera lleva su nombre.

Letyana Press