El debate que falta: derecho a la desconexión digital, ¿cuál es el límite del teletrabajo?

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Nuevo paradigma laboral. La pandemia aceleró los tiempos. El home office parece haber llegado para quedarse. Pero todavía queda mucho por discutir.

El coronavirus hizo que muchos trabajadores desde ahora reporten desde sus casas. Pero a las obligaciones laborales, se suma la “presión doméstica”.

“El momento en el que pregunta ‘Papi, ¿te puedo ayudar con el trabajo?’ es tremendo. Es obvio que la ayuda que ofrece un nene de casi cuatro años no contribuye sino todo lo contrario al trabajo, ¿pero cómo se lo digo? ¿cómo lo voy a retar por ofrecerme ayuda?”. Luis hace home office​ desde el 16 de marzo y el nene de casi cuatro años es Felipe, su hijo. Es parte del equipo creativo de una agencia de publicidad y del teletrabajo quincenal pasaron al diario: así lo impuso la cuarentena obligatoria dictada para contener el brote de coronavirus.

“Hubo que encontrarle la vuelta. Las primeras semanas fue más difícil lo de limitar los horarios. Aprendí a no responder mails que lleguen después del final de la jornada, aunque no puedo evitar mirarlos. Otra cosa que pasa es que, como trabajo en dupla, mucho de lo que es pensar ideas en conjunto se hace más difícil mediado por las pantallas. Y los procesos se volvieron menos ágiles: antes consultabas algo enseguida con una instancia superior y ahora eso se demora más y varias personas tienen que dar su aprobación”, dice Luis. A María, que trabaja en una empresa petroquímica, le pasa algo parecido: “Lo más difícil es coordinar el trabajo entre equipos que están acostumbrados a verse en algún momento del día y ahora ya no”.

Antes de anunciar el aislamiento preventivo obligatorio​, el Estado ya había dispuesto que muchos de sus empleados trabajaran desde su casa. A la vez, había instado a que los privados instalaran esa misma modalidad. Eso se volvió compulsivo -en el caso de quienes tienen la oportunidad efectiva de trabajar desde sus casas- tras el Decreto de Necesidad y Urgencia del 20 de marzo.

“Lo que está ocurriendo ahora mismo no es home office, sino otra cosa, que se llama working from home. El home office requiere una estrategia planificada, una cultura en cada uno de los trabajadores y en la empresa, líderes que estén preparados para ordenar al equipo de gente. En cambio lo que se dio ahora es algo intempestivo y que no tiene una estrategia diseñada. Por un lado, la ventaja es que adelanta el futuro. Por otro, la desventaja es que hay todo un proceso de maduración que no se dio y que puede complicar a quien esté en su casa”, describe Alejandro Melamed, consultor especializado en el futuro del mercado de trabajo y orador TEDx.

Según Melamed, “muchas organizaciones se van a dar cuenta de que para algunos trabajadores puede ser de mucha utilidad trabajar desde sus casas, pero tal vez no para todos; hay que lograr que la experiencia sea óptima para cada uno, y también hay que crear una cultura en la que los jefes sepan que quien trabaja desde su casa realiza también otras tareas, vinculadas a sus hijos, a limpiar el lugar, a cocinar”. Para el especialista “esto tuvo que implementarse de un momento a otro, sin que las empresas chequearan si sus trabajadores contaban con el lugar físico adecuado, la conexión a Internet adecuada y la computadora adecuada, en principio”.

“Lo que me resulta más difícil de trabajar en casa es mantener cierta rutina horaria. Es como si la jornada laboral se me hubiera desparramado. Me cuesta cortar para comer y muchos días termino más tarde de lo que correspondería. Miro cosas de la oficina antes de irme a dormir y me genera ansiedad que me manden mensajes fuera de hora, pero pasa todo el tiempo”, explica Marcela, empleada de un estudio contable.

Trabajar en casa puede ser llevadero o resultar agobiante. Fotos Martin Bonetto
Para la psicóloga Laura Jurkowski, especialista en adicción a la tecnología y directora del centro Reconectarse, que trata este tipo de patologías, “es fundamental sostener en la casa algo que sea lo más parecido a una rutina que se pueda: respetar horarios, ponerse ropa distinta a la de irse a dormir, y aprender a no responder mensajes después de hora o si no, responder que apenas empiece el horario laboral nos ocuparemos del tema”.

Eso de que el trabajo puede entrometerse en el tiempo de ocio ya está limitado a través de la legislación en distintos países. Francia, España y Chile, entre otros, tienen aprobado el derecho a la desconexión. Como su nombre lo anticipa, garantiza al trabajador la libertad de no permanecer conectado digitalmente a su trabajo una vez finalizado su horario. “Sería ideal legislar el teletrabajo en el futuro, pero eso tarda en llegar. Los cambios siempre le llegan primero a la tecnología, después a las personas, después a las organizaciones y después a la ley”, sostiene Melamed, y agrega: “Por eso es importante que cada empresa genere una especie de legislación interna en la que estén claras la estrategia y las reglas del home office”.

Según Jurkowski, “la cuarentena supone un vínculo todavía mucho más intenso con la tecnología y con las pantallas: muchas actividades que hacíamos ahora se resuelven con el celular o la computadora, y muchos vínculos se dan por esa vía”. “Es bueno hacer actividades de ocio por fuera de la pantalla: un juego de mesa o un libro, pintar o tocar un instrumento. Y también es bueno usar la pantalla para cosas que, a la vez, nos hagan hacer otras cosas: desde buscar una receta para cocinar hasta hacer gimnasia”, sostiene la psicóloga.

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Jorge Catelli es psicoanalista, docente e investigador de la UBA. Según explica, “estamos todos altamente exigidos por tener que adaptarnos a una nueva rutina y eso genera estrés, a eso hay que sumarle la confusión temporal de estos días que se parecen entre sí, y el desdibujamiento que surge entre la vida privada y el tiempo laboral: esa invasión del tiempo laboral es lo que hay que aprender a acotar para poder llevar lo otro con la mayor serenidad posible”.

“Costó adaptarse pero empiezan a aparecer ventajas. Además, la empresa nos paga 1.500 pesos extra por mes para que cubramos el gasto de Internet, una vez por semana hay una videollamada en la que nos preguntan cómo estamos, y pusieron a nuestra disposición un equipo de psicólogos por si nos sentimos desbordados”, explica Luis. “Ya nos avisaron que el home office, que era quincenal, pasará a ser semanal para quien le sirva”. Las empresas que ya practicaban el teletrabajo avanzarán en implementarlo más. Las que no lo implementaban tienen un gran interrogante por delante. Y algunos ejemplos de cómo contener a sus trabajadores, desde lo económico hasta lo humano.