Las lecciones de la pandemia de coronavirus

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Por Miguel Lifschitz (*)

Hay que reconocer que estamos frente a una crisis sanitaria con consecuencias sociales, económicas e institucionales sin antecedentes. Es difícil hacer pronósticos porque todos estamos aprendiendo a enfrentar una emergencia global que pone en jaque todas las teorías políticas y económicas y aún al mismo paradigma del “progreso” del mundo capitalista, que parecía, hasta ahora, a salvo de situaciones de esta escala y gravedad.

Pero, aún sabiendo que recién estamos en los comienzos y que nos aguarda todavía un largo camino para dar por superada esta crisis y sus consecuencias, ya hay algunas enseñanzas que podemos extraer de lo que está ocurriendo en el mundo y en nuestro país:

1) La primera es que necesitamos un Estado Presente con capacidad de organizar y proteger a la sociedad y de garantizar derechos como la salud pública.

2) La importancia de la calidad institucional. No es el momento de líderes mesiánicos sino de organización estatal, decisiones compartidas, estrategias, funcionamiento coordinado de todas las áreas y niveles del Estado.

3) La exigencia de lo público, lo común, priorizar el interés general sobre las demandas particulares o sectoriales. Esto requiere hoy otra forma de entender el poder. El poder se comparte y se construye sobre la base del diálogo y los consensos. Es momento de volver a poner en escena como una estrategia para superar la crisis, pero también para abordar el futuro inmediato, el paradigma de la cooperación y la solidaridad, que tan bien conocían nuestros abuelos. El individualismo no nos sirve para enfrentar estos desafíos globales.

4) Vamos a superar esta emergencia sanitaria solo si somos capaces de aprender y cambiar. El Estado debe reinventarse escuchando las necesidades sociales de las mayorías. Cuanto más se extienda la cooperación de abajo hacia arriba, más cerca estaremos de encontrarles soluciones más duraderas a los graves problemas de nuestra sociedad.

En Santa Fe hace muchos años que venimos, trabajosamente, avanzando con esas ideas, haciendo realidad políticas públicas que promueven estos valores. Hay muchas cosas por mejorar y otras nuevas por encarar, pero lo que seguro no debemos hacer es retroceder, resignar derechos, debilitar el Estado, reducir el espacio de lo público, desfinanciar las estructuras gubernamentales destinadas a atender las necesidades básicas de la sociedad, ni tampoco perder la práctica democrática y movilizadora de la sociedad civil organizada, ni atenuar la intensidad de sus voces.

Estamos a tiempo, no debemos perder una nueva oportunidad que nos da la historia de resurgir fortalecidos, construyendo juntos una salida de la crisis, que nos ponga en otro lugar, que nos vuelva a colocar en el camino de los grandes proyectos colectivos, un proyecto de país más inclusivo, más igualitario y más justo.

(*) Presidente de la Cámara de Diputados de la provincia