Reforma constitucional: la suerte está echada

Reforma constitucional: la suerte está echada

Por Darío H. Schueri – Desde Santa Fe.

Si bien en este caso no cabría aplicar de manera cabal el significado de esta frase del César, pues el Gobernador no estaría infringiendo ninguna ley (salvo el “detalle” parlamentario de no poder enviarla sino antes del 1º de mayo, advertido por el constitucionalista Domingo Rondina), políticamente el Ing. Miguel Lifschitz ya selló su suerte al desplegar toda la artillería estratégica y táctica disponible para que la suerte de la reforma constitucional no termine siendo adversa, con el costo político que ello implicare.

La semana pasada el Gobernador jugó su carta decisiva: ante jefes comunales, concejales e intendentes peronistas desnudó su deseo más profundo: tiene que salir la reforma: “si no es ahora, difícilmente encontremos un momento mejor”, espetó. Y no sin razón; nunca antes (Reutemann 2001, Obeid 2006, Binner 2009 y Bonfatti 2014) la necesidad de la reforma de la Constitución estuvo políticamente tan cerca. Tampoco ninguno de sus antecesores mostraron la férrea voluntad de conseguirla (como hiciera Jorge Obeid, por ejemplo con la derogación de la Ley de Lemas).

Lifschitz descree de las afirmaciones de Omar Perotti y José Corral quienes afirman que “la gente” no está preocupada por la reforma de la Constitución (a decir verdad, “la gente” nunca está preocupada por otra cosa que no sea su bienestar personal y familiar, no sólo por la reforma constitucional) mientras afirma, casi en subliminal clave política que “el solo debate será un gran triunfo de la democracia”, para lo cual “habremos dejado nuestra huella”.

Ninguno de los intentos anteriores cayó en el recinto.

Lifschitz pretende poner a los legisladores “de cara a la gente” (con un debate seguramente transmitido en vivo y en directo) exponiendo en el sacrosanto recinto de sesiones los argumentos que muchas veces fácilmente se vierten ante un micrófono.

Mientras tanto, sabedor de que la llave maestra de la reforma la tienen los 393 congresales peronistas que, reunidos en el Congreso partidario bajarán mandato a diputados y senadores encargados de “levantar la mano” para votar la necesidad de la reforma constitucional, el miércoles pasado Lifschitz instó a los dirigentes peronistas invitados a La Redonda (peronistas que pudieron no haber ido, pero fueron y en cantidad) a “contarle a cada vecino” sobre las bondades de la reforma (que contempla por cierto muchos beneficios institucionales para pueblos y ciudades en su accionar administrativo y político) cuando en realidad los estaba exhortando a “convencer” a cada congresal peronista que conozcan, o sobre el cual tengas ascendencia política, a manifestarse favorablemente en el pleno partidario que convoque el Consejo Ejecutivo del PJ santafesino (si es que antes no lo intervienen desde Buenos Aires).

El del miércoles pasado fue el último acto público previo al envío del mensaje. Ahora solo resta esperar que el peronismo mueva sus piezas; el gobernador Lifschitz puso al peronismo ante otro momento bisagra de la historia política santafesina que marcaron hitos trascendentes en el peronismo, iniciados con Víctor Reviglio con la sanción de la ley de Lemas en 1990 que dio lugar a la “era Reutemann” durante 16 años, y Jorge Obeid con su derogación en el año 2006 que le abrió las puertas a la “era socialista” que completará 12 años.

Deuda compleja de pagar

Cuando el Ministro del Interior Rogelio Frigerio recibió al Gobernador Lifschitz para comenzar el largo y tedioso derrotero en pos de cumplir con el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación por la deuda por coparticipación que la Nación tiene con Santa Fe, le fue claro: “plata en efectivo no tenemos”; sólo le podrían pagar con bonos y obra pública.

Tres legisladores, entre ellos uno propio, Gabriel Real del PDP, se preocuparon por saber cómo estaba la negociación por la deuda vencido el plazo del 31 de marzo impuesto por el Gobernador Lifschitz para llegar a un acuerdo.

Si le hubieran preguntado al Ministro de Economía Gonzalo Saglione, seguramente les hubiera respondido que la fecha del 31 de marzo es solo indicativa; que aún las partes están tratando de encontrar el acuerdo, que todavía quedan puntos en los que no se logró avanzar, y que es una negociación abierta.

Las partes están en franca, cerrada y minuciosa discusión sobre el tema bonos y sus características, tales como plazo de amortización, tasa de interés, posibilidad de negociarlo en el mercado; y la enrevesada obra pública, toda vez que la deuda (cuyo monto definitivo aún no se sabe) es coparticipable en un 13.4 % con los 363 municipios y comunas. ¿Cómo coparticipar obra pública?. Y además la garantía de que se ejecuten en el período de tiempo que las partes acuerden. Y que Nación no le facture a Santa Fe obras propias como el puente Santa Fe – Santo Tomé o la autovía de la ruta nacional 11?.

Paritarias cerradas

Con UPCN y Municipales adentro, es muy poco el margen de maniobra gremial (sólo político) que le queda a AMSAFE y SADOP (UDA y AMET aceptaron también) para seguir el conflicto por la vía del paro. Pablo Farías, el Ministro de Gobierno le está buscando la vuelta para que ambos sindicatos no queden desairados.

Por lo pronto, las partes intentan ganar tiempo hasta el viernes 20 en que los empleados públicos y docentes cobrarán el primer 9 % de aumento por planilla complementaria. Luego se verá.

Si el Gobernador está empeñado en reformar la Constitución provincial, cómo no va a seguir descontando los días a los maestros que hagan huelga; el que puede lo mas, puede lo menos. Y eso los sindicalistas lo saben.

Luz mala

“No podemos explicarle a la gente cuando está enojada”, razonó la Secretaria de Energía Verónica Geese al referirse a los incrementos en las boletas de “la luz” que llegaron – y llegarán en la próxima boleta -.

Geese adelantó que la Provincia – y la EPE – no se harán cargo de los 4.500  millones de pesos que habría que desembolsar en concepto de difusos subsidios para – eso no lo dice el gobierno-  aliviar el costo político de la gestión Aranguren, que aumentó el costo de la energía en un 2000 % desde el 1º de febrero del 2016 al 1º de febrero último.

Por lo pronto se está trabajando en la EPE en el entramado de nuevas bandas para beneficiar a quienes tomen conciencia de la eficiencia energética en sus hogares, comercios y empresas.

De todos modos, la cuestión energética tiene también un alto contenido político y social, que no dejan pasar por alto los que hacen política por un lado, y aquellos ciudadanos y dirigentes que apoyan al gobierno nacional y están al borde del sentimiento culposo, por otro.

Precisamente, el tema inflación es hoy el Talón de Aquiles de Cambiemos. Dice el Diario La Nación: “La administración de Mauricio Macri aplicó un modelo casi desconocido en el mundo: busca el reacomodamiento de los precios relativos de la economía -algo que implica la suba en las tarifas de los servicios públicos, como la luz, el gas, el tren, el colectivo y el subte-, la liberalización de algunos mercados y, en paralelo luchar contra la inflación mediante la política monetaria y la reducción del déficit fiscal. Ese último punto hace que la temporada de aumentos nunca termine para el Gobierno”.

Domingo Cavallo recomienda leer el último capítulo de su libro “Camino a la Estabilidad”.

Allí el ex- Súper Ministro de Menem habla de que  “La clave del éxito estabilizador será la reforma monetaria” donde, entre otras consideraciones técnicas como “la libertad para comprar y vender dólares en un mercado único y libre de cambios y la autorización para utilizar el Dólar en las transacciones y contratos en competencia con el Peso”; que “el gobierno se comprometa a no poner en circulación pesos para financiamiento de déficit fiscal alguno. Si sigue habiendo déficit fiscal, éste tendrá que financiarse íntegramente con endeudamiento”.

Cavallo remata: “para hacer más perceptible a los ojos de la gente que esto es una verdadera reforma monetaria, puede que convenga utilizar el artificio de quitarle un cero al Peso Inconvertible y cambiar su denominación, como ocurrió al pasar del Austral al Peso Convertible a partir de enero de 1992 y como había ocurrido también en 1985 al pasar del Peso Argentino al Austral”.