La foto que valió un premio

16/03/12  // 
Don Diego Vargas
Don Diego Vargas

Fue tomada por el periodista Juan Manuel Fernández de El Litoral. En ella aparece don Diego Vargas, productor de Calchaquí, de 80 años.

“Es el primer premio que recibo por una fotografía. Don Diego Vargas vive en Calchaquí, cerca de la Laguna El Cristal. Estoy muy contento por el reconocimiento y por las posibilidades que me da mi laburo de acercarme a estas realidades, siempre tan alejadas del mundo ciudadano”, expresó Juan Manuel “el Colo” Fernández en su muro de Facebook, quien integra el equipo de Campolitoral, el suple agropecuario del vespertino santafesino.

La toma compitió en 4º Concurso de Fotografía organizado por Revista Genoma, que premiaba enfoques solidarios del campo y colores preferidos del ámbito rural.

Fue 2º Puesto. Categoría: Una Mirada Solidaria. ”Con estas manos” de Juan Manuel Fernández.

La historia que acompañó la publicación de la foto es la siguiente:

Añoranzas de otros tiempos en Calchaquí

Con sus 80 años recién cumplidos, don Diego Vargas todavía se sube el tractor para sembrar. Alguna vez animó los casamientos de la colonia con su acordeón.

Por Juan Manuel Fernández

Campo adentro, en las afueras de Calchaquí, don Diego Vargas volvió a calzarse “la acordeona” después de mucho tiempo. Fue para su cumpleaños número 80 que la familia le pidió prestado el instrumento a un vecino y así lograron obligarlo a teclear aquellas viejas melodías de cuando recorría la colonia animando casamientos. “Yo tocaba el acordeón en una orquesta antes de irme al servicio militar, cuando tenía 18 años. Hace cuarenta años que dejé y me lo hicieron agarrar de nuevo… “, se ríe.

 

Don Diego lleva en los ojos y las manos las marcas de un mundo distinto; según él mucho peor que el actual, carente de las insospechadas comodidades del presente. Miembro de una generación de 14 hermanos, se pasó toda la vida trabajando en el campo. Con orgullo proclama “nunca fui empleado”.

“Piezas de ahora no, pero de antes si…”, aclara sobre el repertorio, seseando como es propio del hombre de campo que se conoce en la ciudad. Pero el tiempo no pasa en vano y las melodías fluyen con más trabajo que antes. “No es sólo que me haya olvidado; uno sabe las notas… ¿pero y los dedos? ¿con qué los hago de nuevo, eh?”, vuelve a reír.

Junto a su esposa y compañera, Teresa Ceratto, viven camino a la laguna El Cristal en el mismo campo que trabajan junto a su hijo Jorge. La humilde casa es un muestrario del estilo rural: los ladrillos, tanto en las paredes como en el piso, en lugar de ser “vistos” están desnudos y horadados por la lluvia y el sol ; el jardín, con sus frutales y sus ornamentales, tiene su cerco tejido de herrumbre en forma de rombos; y la vieja parra que, a falta de alero, cumple el rol de galería.

¿Usted siempre fue producto don Diego?

Productor siempre. Nunca fui empleado. Y siempre tuve plata acá en el bolsillo.

¿Y ahora está mejor o peor que antes?

Yo digo… bueno, por los adelantos que hubo se está mejor. Pero antes nosotros éramos varios hermanos, horquillábamos alfalfa y hasta juntábamos máiz; y llegábamos al sábado o al domingo y nos íbamos a los bailes de aquí y de allá.

¿Y ahora?

Compañero… hay que seguir trabajando! Ahora si errás una cosecha… no se si el año que viene vas a poder trabajar, te fundís! Porque vos viste allá enfrente gente con plata, trabajaron, trabajaron y tuvieron que alquilar todo el campo para poder salvarlo y ahora se lo están dejando hecho una ceniza que no va a servir para nada.

¿Y recuerda cual fue la mejor época?

Mire, para mi viene a ser ahora. Antes todo se hacía de a caballo. De aquí al pueblo que hay cuatro leguas… el finado del nono lo hacía en un sulky, había que estar un día entero para llegar. Y ahora te sentás en una camioneta y llegás enseguida. Y esta parecía la mejor época, pero con esto (la falta de renta por encarecimiento de los costos y precios intervenidos) no se; ¿qué vamos a juntar para la cosecha que viene? Porque yo siempre me encontraba con 20 o 30.000 pesos en el bolsillo y era una platita… ¿pero ahora? Eso no es platita! Cuando menos lo pensás y tenés que ir a comprar una bolsa de algo se te van 30 o 40.000…

¿Y hubo algún gobierno que haya ayudado más al campo?

Cuando el finado de mi padre compró allá en La Angelita costaba un buey, porque antes le decíamos así ahora es un novillo; compramos a un novillo y medio la hectárea cerca del pueblo. Era el 41 o 42 que compramos las primeras tierras. Pero pasa otra cosa: los años que pasaron en el tiempo que entró Perón. Yo recuerdo, bueno… viva Perón!, estaba todo muy bien… Y yo lo voté cuando era joven ¿sabe por qué? La única vuelta que me gustó, cuando Perón decía “la tierra debe ser de quien la trabaje”. Pero seguimos y vimos que dentraban personajes en el mismo pueblo que no nos gustaban: se la pasaban en los bolichos y después mandaban… Y los trabajadores, y bueno…Los colonos sufrieron mucho.

Con sus 80 años, a don Diego le sobran historias. Sobre todo las que relatan la rudeza de la vida rural durante el siglo pasado. Por ejemplo, cuando eran tamberos, tenían que llevar la leche bien lejos, hasta Calchaquí. “Después de entregarla íbamos al boliche a tomar una cerveza; una vez sacamos la cuenta y necesitábamos 10 litros de leche para pagarla; y con un quintal de trigo podías tomar dos cervezas; y yo decía “cómo vamos a estar ordeñando, vamos a dejar esta actividad’. Pero no había otro medio! El cereal estaba tirado también…”. Ahora sabe que sí hay posibilidades, pero no termina de entender porqué se hace tan difícil poder aprovecharlas.